
Patético. Triste. ¿Qué más? Ah sí. PATÉTICO. No paro de reír cuando veo a los nuevos proyectos de “American Idol”, que rebosantes en ropajes (disfraces?), bailes exóticos y destrezas que parecen más afín aun zoo que a un cantante, llegan ilusionados con ser el próximo “ídolo de América”. Y cómo no. Kelly Clarkson de ser una cenicienta que servía hamburguesas como mesera, con sus cabellos morenos y en delantal, hoy luce una dentadura de mil millones de dólares en portadas de revistas y discos, es vestida en lo más top de lo top y recibe premios encantada, con un espectacular rubio despampanante que invita a cuanto paparazzi haya alrededor a fotografiarla. De mesera, a DIVA. Un “one way ticket” a la fama, que el programa en cuestión le brindó de un suacates en un febril asenso a la gloria.
Y están estos. Chimpancés, gorilas y simios varios, que meneando una tiesa cadera yankee al más puro estilo J.Lo, y desatando lo peor de sus cuerdas vocales, vienen a demostrar que ellos…oh si ellos…son el próximo ídolo, la próxima carátula, el próximo capitulo en “the top millionaire singers” en el E entreteinment televisión. Y lo peor de todo, es que realmente creen que son competentes, potenciales luces del siempre bien ponderado “hollywood”, potenciales estrellas de farándula prontas a codearse con lo mejor de lo mejor en fiestas de Paris Hilton, asistir a un tecito en la casa de Elton John o asistir al próximo bautizo de algún pobre crío nacido del sistema “amor estilo las vegas”.
Siempre me ha complicado en mi misma y en los demás, ver los desentendimientos entre la auto imagen, lo que se proyecta en los demás y lo que realmente se es. Después de todo, la bendita edad del pavo no es sino una pacifica bienvenida al mundo bipolar de la búsqueda de la identidad. Y creo que es un camino de nunca acabar. En eso estamos, creciendo, construyendo y destruyendo, volviendo a conocernos después de un fuerte remezón. Aun así, complica. Ahora ultimo sobretodo, veo cada vez con más miedo aquellas personas que parecen no darse cuenta de todo lo bueno que tienen y actúan en las penumbras del olvido dando tan solo un atisbo de sí mismos al mundo que los necesita, o al contrario, esas personas que van por la vida irreflexivas con su actuar, pensando que no afectan, es más, sin pensar en esa temible disociación que un inm
aduro narciso les hizo prevalecer ante el autoconocimiento.
Es inevitable impresionarse por ende, con la caricaturización de eso en American Idol, cuando es menester que tres jueces -más parecidos al temible niño que nos amenazaba en la primaria con meter nuestra cabeza al inodoro- hagan pedazos una auto imagen construida en el ridículo devenir de la construcción de un “uno mismo” desde los valores máximos de una sociedad que acepta y ama solo a bellos seres (“you suck little fella´”). Sé que suena a exageración. Bah!, que más da. Solo espero no encontrarme a mi misma vestida de Lil´Kim y haciendo un Moon Walk frente a Simon, Paula y Randy, cuando la alucinación supere mi razón, y tenga que darme cuenta así de quién soy.
Y están estos. Chimpancés, gorilas y simios varios, que meneando una tiesa cadera yankee al más puro estilo J.Lo, y desatando lo peor de sus cuerdas vocales, vienen a demostrar que ellos…oh si ellos…son el próximo ídolo, la próxima carátula, el próximo capitulo en “the top millionaire singers” en el E entreteinment televisión. Y lo peor de todo, es que realmente creen que son competentes, potenciales luces del siempre bien ponderado “hollywood”, potenciales estrellas de farándula prontas a codearse con lo mejor de lo mejor en fiestas de Paris Hilton, asistir a un tecito en la casa de Elton John o asistir al próximo bautizo de algún pobre crío nacido del sistema “amor estilo las vegas”.
Siempre me ha complicado en mi misma y en los demás, ver los desentendimientos entre la auto imagen, lo que se proyecta en los demás y lo que realmente se es. Después de todo, la bendita edad del pavo no es sino una pacifica bienvenida al mundo bipolar de la búsqueda de la identidad. Y creo que es un camino de nunca acabar. En eso estamos, creciendo, construyendo y destruyendo, volviendo a conocernos después de un fuerte remezón. Aun así, complica. Ahora ultimo sobretodo, veo cada vez con más miedo aquellas personas que parecen no darse cuenta de todo lo bueno que tienen y actúan en las penumbras del olvido dando tan solo un atisbo de sí mismos al mundo que los necesita, o al contrario, esas personas que van por la vida irreflexivas con su actuar, pensando que no afectan, es más, sin pensar en esa temible disociación que un inm
aduro narciso les hizo prevalecer ante el autoconocimiento.Es inevitable impresionarse por ende, con la caricaturización de eso en American Idol, cuando es menester que tres jueces -más parecidos al temible niño que nos amenazaba en la primaria con meter nuestra cabeza al inodoro- hagan pedazos una auto imagen construida en el ridículo devenir de la construcción de un “uno mismo” desde los valores máximos de una sociedad que acepta y ama solo a bellos seres (“you suck little fella´”). Sé que suena a exageración. Bah!, que más da. Solo espero no encontrarme a mi misma vestida de Lil´Kim y haciendo un Moon Walk frente a Simon, Paula y Randy, cuando la alucinación supere mi razón, y tenga que darme cuenta así de quién soy.
