lunes, 26 de noviembre de 2007

En.amor(de)a.dos


No obstante miraba a un lado de la berma, su corazón permanecía inquieto debido a aquella presencia impensable en su piel de niña. En un horizonte insobornable se cernían sus pensamientos redundantes, sugiriendo poco cautelosa, alternativas al devenir de sus fantasías. Inserta en parámetros anómalos jugaba a ser blanca mirada ante el azul andante cautivador. Consumía el aire en respiros ausentes, evocando su futuro en el presente. Desvanecida en el camino del hacer, procastinando su elaboración fantasmal, dejó a un lado la posibilidad de aserruchar el asfalto y dejar brotar la fluidez de sus encantos. No obstante miraba a un lado de la berma, volcó su mirada en la estampa menos pensada y en un segundo se enlazó el porvenir en un destello fulminante, despertando el irrevocable sentir enrojecido desde su alma, lanzando luces como lazos que abrazaban curiosos semejante aparición. Bastaba tan solo un segundo, y ya corrompida la calle se hizo camino al andar, sujetando firme sus manos, comprendió camino al horizonte, que el azul del cielo en su enormidad paralizante, permanecía tangible y próximo en un semblante de paz. Dejó caer el respiro de sus fauces, y cogiendo una vida a su vida, creó magia y creyó vida, soplando fuerte contra las nubes enloquecidas, bastó un beso y cubierta del blanco onírico, la berma se esfumó dando paso a su camino.

lunes, 12 de noviembre de 2007

Soles con sueño


Llega el sol al equilibrio fluctuante del rayado equinoccio. 7 menos cuarto y alumbra sus rayos la penumbra del olvido onírico, mientras se viste de blanco el corazón preparando el ajuar de sentimientos gatúbelos. Siento su andar como si volviese a escuchar esa vocecilla antaño pituda, actual sonriente y segura del andar amoroso. El poco sueño y los pocos rayos aún no alumbran la faz de la radiante emoción; 7 menos cuarto, aún temprano, aún sigiloso el galopante calor floral, las pupilas se acentúan por sobre la figura de caballero andante, enormes pisadas, paso lento, firme la quijada, chueco los labios. Luego tumbado, armadura semi oxidada, me estremezco anhelando la fluorescente aparecida al este. Se escuchan reclamos inoperantes, que luego comprendo en el compendio ansioso y apurado de sus pasos citadinos, de su andar dislocado, de su espera académica, del sin sabor de los despertares sin sol. Prosiga su camino, dama de honor, procure lanzar flores a los costados y chispas desde su sonrisa, que en medio de la niebla de nada sirve opacarse más. Se atascan los pies entre las sabanas en desorden, acabado el concepto refugio, oscurecida aun el aura mañanera, y se observan sus ojos de temor, a media luz se entumece su memoria reciente y el día empeñado en malas luces no son aun limitante a su soltura de irremediable accionar. Inminente subterfugio enviciado, prendiendo humos nicotínicos para saber la luz, para saborear calor, para soñar sin sueño. Irreverente noche, de interminables lunas, de impositiva oscuridad, de irremediable frío, absuelta tu inmensidad si devuelves claridad, si prestas espacio a la seguridad de la presencia, si auscultas a la más estrellada para que resurja desde tus entrañas.

sábado, 3 de noviembre de 2007

In_con_ex

Cuando te sacude la certeza que algo esta por acabar, y miras los centinelas rumiantes de la mente, y escuchas sus ojos llenos de desconcierto, se pausa el tiempo y el redoble de tambores resuena estrepitoso en los oídos. No hay peor ciego que el que no quiere ver. No hay peor sordo que el que no quiere escuchar. Y no hay, no no existe peor amante, que el que no quiere amar. Recibe el ojo la primera luz, y poco a poco se vacían las expectativas del día por venir. La posible sonrisa se cierra sobre una fijeza y rudeza en la piel. ¿Abrázame? No querer oír, no querer ver, no querer pensar, no querer sentir, NO QUERER DESEAR. Sistema retrógrado, si me dejan opinar, aquel que te impone presencias y no queda mas alternativa que alucinar escapes, soñar en los inframundos, sonreír escondida, esperar algo como si la nada lo fuera. Se acaba el momento antes de empezar, se cae el cielo estrellado antes de sugerir su presencia; el pasto bosteza poco jovial frente a las nubes desorbitadas, extrañadas. Que frío. Algo me dice, que en algún rincón mundano persiste esa tibieza que a pesar de la fijeza, pretende brotar; si no, los pies no se dormirían esperando, y mis manos no las guardaría con temor. No obstante y sin embargo, aquí se ciernen los impactos de esas decisiones, y es inevitable no pisar en vano, no avanzar retrocediendo, no intentar fallando. Que frío.