A veces pienso que hay cierta música que en esencia siempre estuvo destinada a existir. Y es que es impresionante como un determinado conjunto de notas, acordes y tonalidades se matizan perfectamente en una melodía tal, que moviliza sentimientos tan fuertes, tan suaves, como recuerdo de aquel otro sentimiento antaño vivenciado, o removiendo alguna extraña sensación, que proviene lejana de imagen, carente de instancia, transformando el presente en nada …nada descriptible, nada posible de articular discursivamente. Y esto tal vez pone de relieve la incertidumbre de aquel trasfondo que tiembla, goza o se intensifica con estas canciones, que parecieran estar hecho de notas, acordes y tonalidades, más que de palabras, de argumentos, de verificaciones, de comprobantes…ahhh…es increíble cuando “play”, y lo que viene después sin foward ni rewind, estando sin estar, acotando en ese movimiento exquisito desde el cuerpo….bailando…mirando….soñando… esa música que prende el alma, la psique…o quien sabe que hálito de realidad realmente ajeno a este respirar contiguo a las palabras. He llegado al melodrama de acompañarme de letras poéticas, de inspirarme en cartas a nadie, de sentir la libertad de una sonrisa auto complaciente, de cerrar los ojos ahora y querer escribir sobre esa música…que escucho, y me mueve humana, desde el fondo de los ojos, ahí donde solo una suerte de enigma mágico, convertido en pócima musical, arriba encantadora. Es como si el destino de una existencia se acompañara de ciertos sonidos conmovedores predeterminados a cada cual, encerrando en una esfera extraña, en un paréntesis radical, todo lo demás. Y a veces canto, intentando dejar brotar el encanto que no surgió entonado nunca de mí, y que sin embargo sola canto, en la mente también lo hago….es otra manera de soñar, es otra manera de evadir, es otra manera de enajenarse, es otra manera de volar, es otra manera de sentir.

Este año descubrí el tambor, luego de llorar con un solo de guitarra y moverme encandilada por los tonos arabescos, saltando de concierto en concierto, rockeando apasionada en la ciudad de mis sueños, sentada mirando nada, y luego de todo, más que las fotos, las gracias a todos –Dios mediante- y el poema de turno, pongo play, recordando mejor, y más fuerte todo lo anterior.

Este año descubrí el tambor, luego de llorar con un solo de guitarra y moverme encandilada por los tonos arabescos, saltando de concierto en concierto, rockeando apasionada en la ciudad de mis sueños, sentada mirando nada, y luego de todo, más que las fotos, las gracias a todos –Dios mediante- y el poema de turno, pongo play, recordando mejor, y más fuerte todo lo anterior.
