Pensar que hace un segundo respiraba sus aires mientras la otra mirada alcanzaba fusión con su enamorado eterno. Pensar que hace un segundo mis piernas inseguras se lanzaban al vuelo desconocido de Ser. Sentir que hace tan solo un segundo, la birome alzaba sus tintas en medio de un desorden infernal de ideas, proliferando versos de amor y desamor, en armonía porteña movilizada por inspirados olores de mar. Sentir que hace un segundo abrazaba sonidos de tambor, y olía los ritmos maravillosos de un baile apasionado. Pensar que estábamos tú y yo tan lejos, y hace tan solo un segundo, tan cerca. Pensar que la vida no tenía más que respuestas a priori, y hace tan solo un segundo se volcaron en dudas de metal y otras tantas palabras sin letras puestas al son del latido de una bomba de tiempo sin reloj. Pensar que en 22 años llevo los mismos ojos, y tan solo hace un segundo vi el verdor de este campo citadino, el azul de este espacio intenso, el amor de las miradas sin sentido, el inmenso predio de opciones y caminos, y lo hermoso que fueron aquellos que salieron desde el centro de la esfera oscura y tormentosa. Pensar que fueron 22 los años de labios y oídos, de tacto y sentido, de pensar en 22 años sobre labios oídos tacto y sentido, y hace un solo segundo, cubierta de la emoción mas dulce, se abrieron los vestigios de una añeja deuda; dejarme envolver por el fluido encantador y salado, por el rojo tontorrón, por la inevitable y poco falaz tentación de caer en un pegajoso viento de pasión por un mísero pasajero e inerte segundo. Y en un segundo, tan solo un segundo, que ni siquiera puedo mencionar cuantos segundos duró, pensé y sentí, que la vida es un sueño, cuando el fluido cauce de los ríos, da permiso a poniente de reservar rayos oníricos para el porvenir cordillerano. Gracias por este segundo, y cada segundo que le antecede.

¿Qué es el tiempo?
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