
Ya ICQ nos disponía a variar el modo de vincularnos. Esperar un “oh – ou” insistente de tus amigas o del niñito que te gustaba era realmente el sonido más anhelado de noches y noches pegada a un computador a pedales y un internet que cada cierto rato caía producto de un llamado telefónico. Así es, casi 15 años de aquel momento en que buscaba fotos de Dawson´s Creek, Sailor Moon y Chris O´Donell, esperando minutos eternos para que se mostrara la foto (y para qué decir todo el rato esperando por la impresión de esa foto) para que de repente alguien osara llamar a la casa: TERROR; Frustración eterna!. Para que decir esas largas noches en Napster, bajando millones de mp3 y subiéndolas a WINAMP para deleitarse con un sinfín de expresiones musicales; Spice Girls, Papa Roach, Nirvana y BSB, (solo para enunciar una pequeña “mezcla” de pre púber ambivalente) para que en un mísero segundo de descuido, mi hermana abriera un mail cargado de virus letales que borrarían años de acumulación musical.
Así es; nuestros modos de vincularnos, de entendernos, de frustrarnos y alegrarnos comenzaron desde temprano a ser profundamente marcados por la agilidad de la web y la instantaneidad de nuestra sociedad globalizada. De ser una infante pegada a Encarta conociendo los animalitos, el mundo se hizo cada vez más alcanzable, más asible y cognoscible. Ya existía para entonces una clara distinción en ser “amigos” y “amigos de icq”, esos que a veces podías hablar horas, reírte y entretenerte, a pesar que en persona no fuera lo mismo necesariamente. La permanencia de los vínculos se volvió intermitente: ya no era necesario el teléfono, ni celular para mantener la comunicación y el saber sobre un otro. Hasta en las fiestas lo cabros desubicados te pedían ICQ!
Facebook hizo aparecer hasta la escoria de la humanidad casi borrada de tu memoria. Aquel sujeto imberbe que ahora aparecía de lo más maduro y casado, la amiga de la amiga de trabajos, el que había desaparecido y así nos conocimos y re- conocimos miles sin ni siquiera hablarnos. Para que hablar de twitter: 140 caracteres para dar el máximo de los jugos, leer personajes insólitos y conocer lo máximo de instantaneidad hasta ahora conocido. Ahora llega Google +, y más que entretención me llega a dar terror: 15 años en una plataforma vincular etérea que según los gadgets y nuevas modernidades asociadas nos invita a comunicarnos de distinta manera; lo terrorífico es que me deje el tren de la innovación, ya me empezó a costar tanto cambio.
Así es; nuestros modos de vincularnos, de entendernos, de frustrarnos y alegrarnos comenzaron desde temprano a ser profundamente marcados por la agilidad de la web y la instantaneidad de nuestra sociedad globalizada. De ser una infante pegada a Encarta conociendo los animalitos, el mundo se hizo cada vez más alcanzable, más asible y cognoscible. Ya existía para entonces una clara distinción en ser “amigos” y “amigos de icq”, esos que a veces podías hablar horas, reírte y entretenerte, a pesar que en persona no fuera lo mismo necesariamente. La permanencia de los vínculos se volvió intermitente: ya no era necesario el teléfono, ni celular para mantener la comunicación y el saber sobre un otro. Hasta en las fiestas lo cabros desubicados te pedían ICQ!
Facebook hizo aparecer hasta la escoria de la humanidad casi borrada de tu memoria. Aquel sujeto imberbe que ahora aparecía de lo más maduro y casado, la amiga de la amiga de trabajos, el que había desaparecido y así nos conocimos y re- conocimos miles sin ni siquiera hablarnos. Para que hablar de twitter: 140 caracteres para dar el máximo de los jugos, leer personajes insólitos y conocer lo máximo de instantaneidad hasta ahora conocido. Ahora llega Google +, y más que entretención me llega a dar terror: 15 años en una plataforma vincular etérea que según los gadgets y nuevas modernidades asociadas nos invita a comunicarnos de distinta manera; lo terrorífico es que me deje el tren de la innovación, ya me empezó a costar tanto cambio.
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