
No obstante miraba a un lado de la berma, su corazón permanecía inquieto debido a aquella presencia impensable en su piel de niña. En un horizonte insobornable se cernían sus pensamientos redundantes, sugiriendo poco cautelosa, alternativas al devenir de sus fantasías. Inserta en parámetros anómalos jugaba a ser blanca mirada ante el azul andante cautivador. Consumía el aire en respiros ausentes, evocando su futuro en el presente. Desvanecida en el camino del hacer, procastinando su elaboración fantasmal, dejó a un lado la posibilidad de aserruchar el asfalto y dejar brotar la fluidez de sus encantos. No obstante miraba a un lado de la berma, volcó su mirada en la estampa menos pensada y en un segundo se enlazó el porvenir en un destello fulminante, despertando el irrevocable sentir enrojecido desde su alma, lanzando luces como lazos que abrazaban curiosos semejante aparición. Bastaba tan solo un segundo, y ya corrompida la calle se hizo camino al andar, sujetando firme sus manos, comprendió camino al horizonte, que el azul del cielo en su enormidad paralizante, permanecía tangible y próximo en un semblante de paz. Dejó caer el respiro de sus fauces, y cogiendo una vida a su vida, creó magia y creyó vida, soplando fuerte contra las nubes enloquecidas, bastó un beso y cubierta del blanco onírico, la berma se esfumó dando paso a su camino.
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