miércoles, 13 de junio de 2007

influenzame


Abrazaba el aire desesperada, gimiendo tonadas diabólicas, evadiendo el tono caritativo de una mano tendida sin peros. Érase un sol en persona, irradiaba mas centígrados que tigre en celo, embobada con pasajeros pensamientos sin razón, obnubilada la conciencia llevada a un estado máximo de regresión; érase piel espinada, poros derretidos y ojos desorbitados la pobre diabla. Yacía tendida, a la vez catatónica y estertórica escena de escalofriante sutilidad. Entumida la diabla, febril el ascenso a los 40 y un llanto que rompía el silencio de esa tarde, maldita tarde, de niebla errante, de frío hierro y arrimo etéreo. Salvaje la diabla, que lloraba ensimismada, que gemía y rogaba, al aire, entre suspiros, a ellos, esos que no están, a ella, esa que siempre está y ya no estaba, y a esta….esta que petrificada con sonrisa a medio son cantaba profecías de bienestar venidero, compraventa nada útil para el estado inerte, agraciado en desgracia y adolorido de entraña profunda a piel somnífera. Estaba roída, plasmada al suelo, borrada en llanto, en sopor mutante, fluido el desencanto vital, adormecida la sien, dislocada la audición, penetrante las agujas estomacales, centímetro a centímetro inoperante, la muy diabla, larga, enferma, febril y poco elocuente diabla…quien te viese, gran mujer, tendida, tumbada, débil, llorando, suplicando, necesitando desde el resabio gripal, en la cima de tu nuevo mundo, cayendo abrupta, de fauces y esqueletos resquebrajados a los brazos que te mecieron, a la voz que te arrullara, a el brazo que te tendiera….aunque sea un momento, en el febril sueño, pobre diabla.

No hay comentarios.: